Estética y buen gusto en este remate a cargo de José Mari Manzanares.
Desapareció, aunque no del todo, el bochornoso calor de tardes pasadas, contribuyendo a dar su sitio al ambiente festivo de los Sampedros ante el cartel más rematado de toda la feria burgalesa.
Un cartel en el que además de las tres figuras anunciadas aparecía, un año más, la ganadería de la tierra, los toros de Bañuelos, santo y seña en esta feria y en muchas más. Que algo tiene el agua cuando lo bendicen lo confirma la realidad de ver anunciados los ‘toros del frío’ con las figuras del cartel. Ambiente por todo lo alto y expectación al máximo.
Quién le iba a decir a El Juli que con su juventud se iba a ver abriendo cartel cuando las figuras, de siempre, han rehusado ese «privilegio». Así también se es figura, lo mismo que Enrique Ponce.
Los primeros lances de El Juli, a pesar del molesto viento, tuvieron ritmo y calidad. Solitario el puyazo y quite por chicuelinas. Se le pidieron banderillas -¿no habíamos quedado que ese asunto ya estaba olvidado?, pues ya ven ustedes que no-. Ahí está el torero en los medios, sitio del que por culpa del viento tuvo que desistir. Pronto se dio cuenta que el izquierdo era el pitón del toro. Bien colocado, adelantando la muleta con casi media por el suelo. Amo, dueño y señor donde él quiso que fue en los medios. Más despacio imposible. El de Bañuelos, arriba y con clase. Faena maciza e importante sin concesiones con las notas de su pasodoble como fondo. A sus manos la primera oreja de la tarde.
Con cinco verónicas de mano baja saludó El Juli al cuarto de la tarde. Bueno el puyazo y aplaudido, créanme. Hermoso el quite por estética y quietud. Brindis al ganadero lleno de responsabilidad. Con los pies clavados en la arena seis muletazos sin enmendar que dieron paso a una faena de mérito sobre ambas manos y siempre con la muleta puesta en la cara. Faena de raza, técnica y clase. Se le fue atrás la primera estocada, acertando con plenitud a la segunda. Fuerte la petición, pero no pudo ser.
No pudimos ver con el capote a Manzanares en su primero, el viento molestaba de lo lindo. Por arriba el principio de faena. Armónicos los primeros derechazos cuidando al toro, que, como tenía calidad, se fue arriba permitiendo al de Alicante explayarse en su toreo. Clase en el toro y tanta o más en el torero, logrando imponerse a otro tipo de circunstancias. Las dos últimas tandas, de escándalo, para seguir disfrutando.
Bueno el saludo capotero en el quinto. Solitario, como siempre, el puyazo y buen tercio de banderillas con saludos para Fco. J. Amores. Donde menos molestaba el viento, cerca de toriles, Manzanares se empleó a fondo para demostrar lo que es torear con mucha clase, gusto y sinceridad. Erguida la figura, mandando siempre en el sitio y distancia justas. Belleza y armonía, muletazos los justos surgiendo sólidos y artistas. Perfecto el volapié y dos orejas.
Y aquí está Cayetano, queriendo brillar a la verónica. Poco picado y rapidez en banderillas. Quiso empezar con la izquierda pero desistió. Aquello no tomaba aire y pareció que con la derecha se podía remontar el vuelo. Vuelve de nuevo a la «zurda» para, por lo menos, intentarlo, pero el de Bañuelos ya estaba ligeramente harto. Enfado del respetable, que esperaba algo más. Seguía la expectación en el último de la tarde, hasta la ola le hicieron. Con el capote no lo quiso ver. Chispita de ilusión cuando se atrevió con un brindis al respetable. Lo intentó de todas las formas pero la faena no tomaba entidad; algunos derechazos algo dijeron. El viento no dejó de molestar aunque parecía no importarle. Cayetano quiso en más de una ocasión pero... Adornos finales en busca de palmas y reconocimiento. Mal con la espada y el público disgustado le despidió con pitos.