El consumo crónico de cocaína puede producir, al margen de infarto, diversas alteraciones cardiovasculares que ponen en peligro la vida de la persona.
Al ya de por sí extenso catálogo de factores que pueden desencadenar un infarto de miocardio o irreversibles enfermedades cardiovasculares hay que sumar otro cada día más ‘de moda’: la cocaína, una droga que está contribuyendo, además, a disminuir la edad media de quienes sufren ataques al corazón.
Al Hospital Yagüe llegan cada año más casos de infarto de miocardio agudo asociado al consumo de cocaína, según atestigua el jefe de la Sección de Cardiología, Germán Pérez Ojeda. «La situación no es alarmante pero los casos que tenemos ponen de manifiesto que el consumo de esta sustancia cada vez está más extendida entre los jóvenes», asegura.
Y es que en los últimos años «no han sido raros los casos de personas menores de 35 años que han ingresado con un infarto debido a la cocaína». De los 300 casos de ataque al corazón que se atienden cada año en el hospital Yagüe, casi el 2%, es decir, en torno a seis casos, estaban vinculados a esta droga, afirma el doctor Pérez Ojeda. Puede no parecer una cantidad importante, «pero es que hace pocos años no había ninguno». En España los casos de infarto por consumo de cocaína llegan al centenar. Y todos esos jóvenes no presentaban otros factores de riesgo coronario excepto el tabaquismo.
Pero las consecuencias cardiovasculares de tomar ‘coca’ no se quedan en el infarto agudo. Hay infinidad de dolencias derivadas de esa sustancia, casi todas relacionadas con la liberación de una sustancia denominada catecolamina, que contribuye a la obstrucción de las arterias y a la formación de trombos. En la mayoría de los casos se trata de varones que consumen crónicamente la droga. El tiempo desde el consumo de la cocaína hasta la aparición de los síntomas de un infarto varía desde unos minutos a varias horas . La aparición del infarto es independiente de la dosis consumida, de la frecuencia de uso y de la vía de administración. «Es decir que puede ocurrir con la primera raya que se ponga una persona en su vida o que suceda a los 10 años o a los 20 de haber empezado a consumir», resume el doctor Pérez Ojeda.
esperanza. Este hecho constituye una esperanza para aquellos que deciden dejar la droga. «Puede haber quien al plantearse dejar la cocaína decida no hacerlo por considerar que su cuerpo ya está muy dañado por años de consumo; pero si se deja de consumir, si verdaderamente se abandona el hábito, la liberación de esas catecolaminas se cortaría y el riesgo por tanto de alteración cardiovascular bajaría también», indica el médico burgalés.
Un 70% de quienes sufren un ataque, por regla general, llega al hospital y sobrevive al ataque. El resto muere bien en su domicilio o en la calle, en ocasiones antes de que llegue la ambulancia. «De ahí la importancia que estamos dando en estos últimos años a la coordinación de los diferentes servicios de urgencias con el hospital», indica.
Y quienes sobreviven, no todos logran recuperar la capacidad total de su corazón. La obstrucción de las arterias coronarias hace que no llegue oxígeno al corazón, por lo que en una parte de él, «si no se coge a tiempo», pueden morir todas las células y quedar infrautilizado.
Hay ocasiones en que los jóvenes que llegan al hospital con síntomas de alteración cardiovascular no reconocen haber consumido. «La mayoría sí, pero a otros les cuesta; cuando se van sus padres te lo comentan o incluso, tras irse, llaman por teléfono para reconocerlo, por el temor a que el ataque pueda reproducirse o a que derive en cualquier otra dolencia», asevera.
La pura, más peligrosa incluso. En ocasiones se otorgan a los contaminantes con que se corta la cocaína unos efectos más perniciosos de los de la propia droga. Productos como azúcares, cafeína, anestésicos locales, quinidina y otros son usados para mezclar con la ‘coca’. Los efectos cardiovasculares de estos adulterantes solos o combinados con la cocaína podrían provocar isquemia coronaria. Sin embargo, se han visto casos infarto inhalando cocaína prácticamente pura, «lo que apunta a la propia cocaína como causante de la isquemia coronaria».
Entre las alteraciones que provoca el consumo crónico de cocaína destacan la miocarditis y miocardiopatía, arritmias cardíacas y muerte súbita, endocarditis (inflamación interna del corazón), neumopericardio e hipertrofia ventricular izquierda.
Si para una persona ‘normal’ el consumo de cocaína incrementa el riesgo de sufrir un infarto, en jóvenes que presentan otros factores de riesgo tales como la diabetes, sobrepeso, hipertensión o el colesterol alto «las posibilidades se multiplican aún más», indica Pérez Ojeda.