Manos Unidas, que el próximo año cumplirá su cincuenta aniversario, abrió ayer su mercadillo en el Monasterio de San Juan.
A las puertas de celebrar su cincuenta aniversario (será en 2009) Manos Unidas abrió ayer una nueva edición del rastrillo que anualmente organiza en el Monasterio de San Juan para recaudar fondos para un proyecto de uno de los países empobrecidos con los que trabaja esta ONG vinculada a la Iglesia Católica. En esta ocasión será un programa de capacitación para mujeres en Medellín (Colombia) que pretende animar a este colectivo a montar micronegocios con los que poder mantener a sus familias.
Para ponerlo en marcha se necesitan 47.000 euros que, a buen seguro, serán aportados por los burgaleses. Ana Lopidana, presidenta de la organización en Burgos, destacó la generosidad que esta ciudad siempre ha demostrado con sus proyectos. El año pasado, sin ir más lejos, con los productos que se adquirieron durante los días de mercadillo se consiguió el dinero necesario para rehabilitar un centro de salud materno-infantil en Ghana (África). Quienes lo deseen podrán darse una vuelta desde hoy y hasta el próximo día 12. El horario de apertura es de 11,30 a 14,30 y de 17,30 a 20,30 salvo el domingo por la tarde y el lunes.
Es una ocasión fantástica para poder acceder a objetos que tienen muy diferentes precios asequibles a todos los bolsillos. Y es que pueden adquirirse desde pinturas de importantes artistas burgaleses hasta ropa, libros, dulces y regalos de todo tipo cuyo importe irá destinado a un fin inmejorable. Lopidana agradeció la colaboración de toda la ciudad y recordó que con una pequeña aportación que se hace desde aquí es mucho lo que se consigue en las zonas más deprimidas del mundo.
Manos Unidas trabaja en Burgos desde la década de los sesenta ayudada por un nutrido grupo de voluntariado con el objetivo de luchar contra la pobreza, el hambre, la malnutrición, la enfermedad, la falta de instrucción, el subdesarrollo y contra las causas que los provocan.
El fundamento de su visión es el Evangelio y la Doctrina social de la Iglesia, que asegura que cada persona en virtud de su dignidad e igualdad, es capaz de ser, por sí misma, agente responsable de su mejora material, de su progreso moral y de su desarrollo espiritual, y goce de una vida digna.
Su trabajo está estructurado en dos partes. Por un lado, la educación para el desarrollo con acciones de sensibilización cuya intención es aumentar la conciencia y el compromiso para lograr un mundo más justo y más humano. Por otro, financian proyectos de desarrollo en Asia, África, América Latina y Oceanía. «Estos proyectos están elaborados por las personas del Tercer Mundo que solicitan la colaboración de Manos Unidas y tienen como objetivo mejorar las condiciones de vida para que puedan llegar a ser autosuficientes», recordó Lopidana.