Casco de infantería
Durante los próximos dos meses Burgos retrocederá en el tiempo hasta los primeros años del siglo XIX. A través de cuadros, grabados, cartas, documentos, pasaportes, medallas, monedas, objetos cotidianos, armas, ropa y libros descifraremos cómo se vivieron los cinco años que duró la Guerra de la Independencia, cómo fue la «convivencia» entre los burgaleses y las tropas napoleónicas, dónde se alojaron los mariscales y generales franceses, qué destrozos provocó la contienda y qué mella hizo en la ciudad.
La exposición Burgos en el camino de la invasión francesa 1807-1813 contestará a esas preguntas desde el Arco de Santa María y la sala Círculo Central (en plaza España), las dos sedes de la muestra.
Organizada por el Instituto Municipal de Cultura y Turismo del Ayuntamiento de Burgos, en colaboración con la Junta, la Universidad de Burgos y Cajacírculo, la muestra retrata los años de la invasión francesa en cinco capítulos. Los tres primeros (Burgos, encrucijada de caminos; El Burgos ilustrado, y Burgos, ciudad de tránsito) los recoge el Arco de Santa María y los dos últimos (Invasión y guerra: ejércitos regulares y guerrilla, y Vida cotidiana en el Burgos ocupado) Círculo Central.
Las 200 piezas que componen la exposición, que se podrá visitar del 7 de octubre al 8 de diciembre, tratan de explicar cómo era aquella ciudad de 13.000 habitantes que tuvo que convivir con 35.000 soldados.
«Burgos fue un núcleo importante para la invasión, pero también lo fue defensivo (como se demostró en la imposibilidad de Wellington de asaltar el Castillo). Por aquí pasaron la mayor parte de las tropas de invasión y todos los generales franceses, incluido Napoleón, que se alojó en la ciudad durante 10 días. Nos interesaba ver cómo vivieron y dónde se alojaron y hemos querido recrear el modo de vida de generales y mariscales», puntualizó la comisaria, Cristina Borreguero. Tampoco faltarán las recreaciones de la batalla de Gamonal, la de Espinosa de los Monteros y el asedio al Castillo.
Entre las piezas de la muestra destaca una silla de manos -para mostrar la entrada de la familia real-, el retrato del General Álava y el cofre de campaña de Wellington.