Zascandileando por YouTube me he dado de bruces con el momento Noria. Ya saben, ese en el que María Antonia Iglesias le llama cabrón con todas las letras a Miguel Ángel Rodríguez, y además tres veces. Antes, el ex portavoz del Gobierno de Aznar le había recomendado a la ex directora de Informativos de TVE en tiempos de Felipe González que se tomara la pastilla. Todo termina con M.Á. Rodríguez llamando imbécil a M.Á. Iglesias y con el presentador poniendo cara de que sentía vergüenza ajena por lo que acababa de suceder.
He de decir que no me sorprenden los términos utilizados por estos dos contertulios trinchera, de esos que se ponen las orejeras en la primera tertulia de la mañana y no se la quitan ni en las del fin de semana. Es triste que los debates políticos entre periodistas hayan derivado en una versión moderna del Tómbola, y lo peor es que más que defender con vehemencia sus opiniones parecen las cacatúas de algún comisario político que les arenga con los principios inquebrantables de los rojos o de los azules antes de que salgan a dar la cara en alguna tertulia de televisión. Aunque tampoco me extraña esa actitud, posiblemente es la única que les garantiza seguir chupando cámara día sí día también en aquellos programas que se disfrazan de serios y donde los contertulios terminan llamándose cabrones o imbéciles.
La guinda a esta pantomima la puso el moderador de la tertulia, el ínclito Jordi González, capaz de hablar sobre terrorismo y cinco minutos después entrevistar a Marujita Díez, sin solución de continuidad. El amigo Jordi se autofrageló después del cruce de insultos y dijo sentir vergüenza ajena por la escena. Seguro que eso mismo sentían los emperadores romanos cuando soltaban a las fieras en el anfiteatro y resulta que se devoraban las unas a las otras.
¡Qué vergüenza!