«Se revenden conciencias y se compra la piel, y si usted no la quiere, me la quedo también», dice una alusiva canción de décadas pasadas sobre el mercadeo usurero al uso. Hubo un pensador que no era político que un día dejó sobre la mesa el aserto de que en política «dos más dos no son cuatro». La historia le sigue dando la razón. Estos días se ha abierto el parqué bolsístico de los presupuestos de la depresión de 2008 y nos prometen todo y no nos dan nada, pura quimera. Qué sabio era aquel que dijo que malos son los políticos que todo lo fían a los dineros, pero por el interés te quiero amigo. En el zoco de los presupuestos de quienes mandan nos venden todo a cien como si con ello ya cubriéramos estrecheces. Son tiempos de vacas flacas y hay que contentar a los nacionalistas que presionan con violencia y acallan a incautos que se resignan. Este es más o menos el reparto. Que se nos diga que son unos buenos presupuestos sin que se nos ‘asigne’ ni una sola peseta o euro para el Palacio de Congresos de Burgos, es una burla, lisa y llanamente, pero todo palacio es un lujo para el seudoproletario. Esto no osan hacerlo a los ciudadanos de otras castas catalanas, vascas, andaluzas o de otros predios del partido en el Gobierno. Herrera, con decisión salomónica, sin presupuestos por medio, ha dicho que Facultad de Medicina, ni a León ni a Burgos... así se favorece a Valladolid, aunque no haya médicos ni para remediar un catarro. La crisis ha venido cronológicamente en el momento preciso, cuando no hay elecciones, estamos en el espacio para no acudir a las urnas. Poco tienen que dar cuenta al electorado, cuando haya que hacerlo ya se instalará el gran circo del mundo con servicio de trabalenguas. Estamos con la frescura oxigenada de una democracia que se nos cuenta a diario verdades a medias.
Si a los Ayuntamientos se les asfixia, si los nacionalismos exigen todo a cambio de un puñado de votos que se necesita para seguir en el poder, huelga que en Castilla, deshabitada y cansina, diga nada de que nos dejan en la indigencia y nos suman a las cuentas de la inversión las mismas cifras clonadas de años anteriores. ¿Dónde están los defensores valerosos de un pueblo con proyección universal, nunca nada mendicante?
Decía Víctor Hugo que ‘si tenemos la fuerza, nos queda el derecho’, pero para ello está tierra, está famélica.
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