El futbolista alegre y la monja triste. No se trata del título de un cuento de Jorge Bucay. Aunque podría. Tampoco se refiere a una ficción. Todo lo contrario. Resume dos noticias con las que desayuné la mañana de ayer. El futbolista es Cristiano Ronaldo. Jugador del Manchester United. El niño está triste, ventitrés años gasta la criatura. Los ciento ochenta mil euros que semanalmente cobra no parecen acercarle a la felicidad. Apenas habla con sus compañeros de vestuario y no encuentra suficiente motivación en los partidos. No recuerdo el nombre de la monja. La llamaré madre María, por eso de entendernos. Resulta muy propio. Sus treinta y seis años de edad son más difíciles de olvidar. Es una terciaria franciscana del convento del Pozo Santo de Sevilla que cuida a los ancianos indigentes del hospital. Su secreto es la alegría, explicaba en la radio: cómo asear, si no, a sus hijos de cien años.
El futbolista y la monja tienen un problema. El luso quiere jugar en el Madrid, pero no puede. Se ha de conformar con el Manchester. Pobre niño rico. Por eso esta triste. Algo así como deprimirse comiendo bogavante porque apetece más engullir langosta. Madre María ha ido a la radio para pedir Dodotis para sus ancianos. En el hospital se gastan más de los que a veces se consiguen. Para nosotras son como el oro, decía con toda su gracia sevillana. Preferimos una limosna de Dodotis a cuatro jamones -con todo lo que el jamón significa en Sevilla-.
La historia del futbolista triste y la monja alegre no tiene final. Acabará, o volverá a empezar, cuando el privilegiado portugués se vista de blanco. Tampoco tiene moraleja. Me apetecía contarla para tratar de hablar de la alegría. La asignatura pendiente del hombre moderno y la cara de Teresa de la Vega. Pero no creo que madre María necesite nada de esto. Ella sólo quiere Dodotis para seguir cuidando a su niña preferida, una joven de ciento cinco años. Otra cosa es saber lo que quiere Cristiano Ronaldo. Entender el enigma del hombre que no se cansa de tener hasta que consigue la tristeza.
Extraña receta. Un periódico deportivo, una emisora, un poco de Otoño y, lo más difícil de encontrar -lo más valioso-: treinta y seis años de alegría de monja sevillana. No hace falta mucho más para seguir creyendo en el hombre. A mí me ha servido. Será que los Dodotis siguen estando más cerca del Cielo que los goles. Y de la tierra.