Las peripecias de Isogai se estrenó en noviembre de 2007 y en ella participan actores y títeres.
Dice que lo maravilloso de las representaciones es que consigan hacer llegar al público un mensaje que va más allá de la propia historia y de sus personajes. Rafael Benito y su equipo de la compañía de teatro Alauda se encargan de mover los hilos en cada detalle de la preparación, desde el comienzo de la idea hasta la puesta en escena actoral, con máscaras, títeres o marionetas.
Benito llegó de Madrid en 1992. Desde entonces vive en Salazar con su esposa y sus tres hijos. «La vida en una ciudad es dura y no puedes producir de la forma en que a nosotros nos gusta. De no haber dado con este sitio, los montajes habrían sido la mitad», asegura.
Para él, el ambiente en el se trabaja es fundamental. «El teatro sigue funcionando de forma muy artesanal por mucho que sea empresa. Los procesos para llevar a cabo una obra son lentos y siguen un ritmo natural». Y en su casa de Salazar lo ha conseguido.
Máscaras en las paredes que comparten protagonismo con sus propios cuadros, una sala de ensayos, un almacén con los objetos empleados en proyectos anteriores, un aula de música, bocetos de los personajes de la próxima obra y protagonistas tallados en madera aún por definir. En cada rincón se asoma un trocito de magia.
El director de Alauda habla con emoción de su trayectoria desde que en 1985 creara su primera compañía. «Cuatro años después surgió Ara-Universo y a partir del 92 vinimos aquí. Hasta 1996 nos dedicábamos a hacer obras para adultos pero a partir de entonces empezamos con los títeres para abarcar también al público infantil», relata.
Para él, el teatro es pura vocación y algo con lo que se divierte. «El esfuerzo que se hace preparando todo es bastante más grande que la recompensa económica. Vives de esto pero gracias también a la motivación personal».
Cuando se le pregunta por su obra preferida, lo tiene claro: «No puedo destacar ninguna porque en cada momento es lo mejor que estoy haciendo. No hay principio ni fin; una actividad artística es una actividad de crecimiento», explica. En sus palabras también hace una comparación con el séptimo arte. «El cine es industria. Hay muchas películas antiguas que ya no se podrían hacer. El teatro va por el mismo camino».
Sin embargo, Benito se muestra afortunado. «Puedo presentar una obra y con que vengan dos personas a verla, el proyecto ya está realizado. Es la libertad de la que gozamos y en un sitio como éste se acentúa aún más».
próximo estreno. Ahora mismo son siete las personas que se encuentran en la compañía. Vladimir Rivero es su representante y Benito agradece especialmente su trabajo. Además, para la obra que estrenarán en la próxima primavera participará también su esposa, Isabel Sobrino, que se encargará de parte de la música en directo.
Será una adaptación del cuenta de la Bella Durmiente. Benito muestra el todavía busto sin extremidades y con las facciones de la cara aún por definir de la joven princesa. El mimo con el que la presenta evoca el cariño y el respeto que despertaría Pinocho en su progenitor Gepetto.
Mientras tanto, su experiencia internacional en Bolivia, Portugal y para 2009 en Perú les auguran un gran éxito. El público, mayores y pequeños, tendrá la última palabra. Alauda pondrá el resto.