De qué clase de piedras estaban hechas las herramientas que fabricaban nuestros antepasados prehistóricos?. ¿En qué lugares las obtenían?. Son algunas de la preguntas que podrá contestar la investigación que realiza el geólogo Antonio Tarriño tras su incorporación al Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana (CENIEH).
Tarriño lleva estudiando las industrias líticas de yacimientos repartidos por el País Vasco, Navarra, Pirineo atlántico, Aragón y Asturias desde hace más de diez años y ahora continuará su trabajo desde Burgos al haber logrado un contrato Ramón y Cajal, que impulsa el Ministerio de Ciencia e Innovación. Su proyecto de investigación no está vinculado a Atapuerca como la mayoría de los que funcionan en el CENIEH, pero lo estará en un futuro porque tiene previsto ampliar sus estudios a las herramientas aparecidas en los yacimientos burgaleses, así como a otros situados en las cuencas del Duero y del Tajo.
Antonio Tarriño estudia las materias primas líticas que empleaban los prehistóricas para fabricar sus herramientas. También investiga sobre los lugares en los que se abastecían de esas piedras o, lo que es lo mismo, dónde tenían sus canteras y si posteriormente esas herramientas se han movido del lugar en el que fueron fabricadas. De ahí saca datos del modo de vida de nuestros antepasados y de sus desplazamientos por el territorio.
Lo novedoso de su investigación es que combina técnicas arqueológicas y geológicas. «Cuando un arqueólogo encuentra una piedra la primera pregunta que se hace es de qué material está compuesta y la segunda, de dónde procede. Las preguntas son difíciles de responder porque hace falta un conocimiento de la Geología a nivel regional y ese conocimiento no se completa en España hasta la década de los 90 cuando el Instituto Geológico y Minero de España finaliza la cartografía del país a escala 1/50.000. Yo me baso en esas informaciones geológicas para poder adjudicar a una piedra encontrada en un yacimiento una procedencia. La novedad de esta técnica reside en que es capaz de afinar tanto en la determinación de una roca hasta poder decirse con seguridad de dónde procede», precisó el investigador.
Tarriño estudia herramientas líticas desde el Paleolítico Superior y Medio hasta avanzada la Prehistoria holocena. Posee un gran conocimiento de la Sierra de Urbasa (Navarra), donde acudieron grupos de tallistas prehistóricos para abastecerse de los recursos que les proporcionaba y elaborarlos de cara a su explotación. «La mayor parte de las herramientas son de sílex, aunque también hemos encontrado cuarcitas. Nuestros antepasados más antiguos eran menos selectivos con las materia primas con las que fabricaban sus herramientas. Les valía cualquier piedra que fuera lo suficientemente dura. Sin embargo, cuando empieza a evolucionar la especie humana se hace más selectiva. Por ejemplo, los neandertales buscan buenas piedras, de grano fino y duras, que les permitan tallar las herramientas que desean con puntas de flechas. Necesitan un sílex muy concreto y si no lo tienen lo consiguen».
Esta selección de la materia prima justificaría que nuestros antepasados prehistóricos se desplazaron para conseguirla. «Tendemos a pensar que como eran prehistóricos explotaban el entorno geográfico más cercano, pero las investigaciones ponen de manifiesto desplazamientos de entre 100 y 400 kilómetros para lograr las piedras», sentenció.
A Villagonzalo voy y de Villagonzalo vengo con una piedra