Luis María Lizarralde (izda) y Andoni Alza Hernández en un taller ocupacional de la prisión provincial. A Alza le han aplicado la doctrina Parot y a Lizarralde podría pasarle lo mismo.
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Para ser miembro de una organización terrorista no es necesario pegar tiros, secuestrar o colocar bombas. Esa fue la tesis que defendieron en los 90 el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón y el fiscal Enrique Molina y que se hizo buena en la sentencia del famoso macrojuicio contra el entramado financiero y mediático de ETA, el llamado sumario 18/98, por el que fueron procesados 47 acusados de estar integrados en banda armada en sus diversas facciones y que supuso el cierre definitivo de su cabecera propagandística por excelencia, el diario Egin.
Aquello, junto con el anterior juicio a Jarrai, sentó y asentó la doctrina que posteriormente se ha ido aplicando a las causas contra otros organismos «satélites» de la hidra terrorista y que en los últimos años ha multiplicado el número de presos en las cárceles españolas que cumplen condenas por integración en banda armada. Sumado al endurecimiento del Código Penal en materia terrorista y la consideración como tales de los activistas de la kale borroka (lucha callejera) han dado con los huesos en la cárcel de casi 200 adláteres de los pistoleros en el último trienio. Además, las Fuerzas de Seguridad del Estado han permanecido en jaque durante los periodos de tregua y eso ha permitido detenciones rápidas y masivas de grupos y grupúsculos directamente vinculados a ETA.
Esos han sido los factores capitales que han provocado que en la cárcel de Burgos se haya alcanzado, según ha podido saber este periódico, el máximo histórico de etarras: 13 con el reciente ingreso de Asier Virumbrales Amenabar, que se encuentra en preventiva a la espera de conocer su sentencia por formar parte de la ilegalizada mesa nacional de Batasuna. La cifra es relevante puesto que en la prisión de Burgos rara vez se ha superado la media docena de presos etarras. Presos que, por otro lado, tenían, en su mayoría, las manos manchadas de sangre.
Las fuentes consultadas por DB aseguran que el hecho de haberse multiplicado los internos relacionados con el terrorismo en la cárcel de Burgos, al igual que en otras cercanas, «no significa ni pretende acercamiento alguno» de los reos a las prisiones del País Vasco, sino que obedece a los factores anteriormente mencionados. «Durante la última tregua fueron vaciando el penal hasta quedarnos en menos de 500 internos. Aunque nunca tuvimos comunicación oficial, era vox populi que estaban haciendo hueco para realizar acercamientos masivos en el caso de que el proceso de paz prosperara. Ahora tenemos más de 620 internos, estamos muy por encima de la capacidad de la cárcel y no hay motivos para pensar que se esté acercando a nadie. Si lo tuvieran previsto, las celdas no estarían saturadas», argumentan las mismas fuentes.
doctrina parot. Aquellos que ingresaron en el pasado, con condenas de decenas o cientos de años en sus espaldas, coinciden ahora en el patio de la prisión con las nuevas generaciones de terroristas cuya actividad ha atajado la Justicia española con el procesamiento y encarcelamiento del entramado de ETA. Así se cumple la Ley, por un lado, y se agotan los viveros de pistoleros de los que se nutren los comandos de la banda, por otro.
Sin embargo, lo único que tienen en común unos y otros es que son terroristas pertenecientes a una banda armada, definición conforme a las sentencias que han dado con sus huesos en la cárcel. Dando la vuelta a la tortilla, la distancia entre ellos se mide en el calado de sus condenas. Y esa distancia, que es muy significativa, ha germinado en una escisión clara de los presos etarras que marca dos bandos: los que abogan por recuperar el diálogo y los que insisten en lo que ellos denominan ‘lucha armada’.
El escarnio público que supuso la noticia de que el salvaje Henri Parot estaba a punto de abandonar la cárcel acogiéndose a los beneficios estipulados en el Código Penal, cumpliendo menos de 20 años de prisión por los 38 asesinatos que cometió el comando Argala (itinerante y sangriento como pocos) cuando él lo dirigía, hizo reaccionar a la Justicia. El 28 de febrero de 2006 el Tribunal Supremo (TS) dictó una sentencia -para el caso Parot- en la que se rechazaba la aplicación de los beneficios penitenciarios a la totalidad de la pena impuesta y que obliga al cumplimiento de 40 años a los presos especialmente peligrosos.
Esa sentencia pasó a la historia como la ‘doctrina Parot’ y ha sentado una jurisprudencia que retiene en la cárcel a 20 terroristas que iban a salir de prisión de forma inminente y que retendrá, según los cálculos de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, a al menos otros 40 en el próximo año. El TS puso así la puntilla al colectivo de presos etarras (750 en cárceles de todo el mundo), que han visto cómo las gestoras pro amnistía que les prometían una rápida salida de la cárcel ahora comparten celda con ellos y que el rumbo de ETA, seguir matando allí donde puedan, no hace sino cavar más profunda su tumba carcelaria.
La llamada al diálogo de varios miembros destacados (y encarcelados) de la banda, las protestas del denominado ‘colectivo mexicano’ de etarras exiliados en aquel país y la absoluta certeza de que no habrá amnistía sin paz han minado el ánimo de los históricos, que exigen al aparato militar de la banda que abandone las armas y, a cambio, negocie la salida de las cárceles. Esa división también ha llegado a la cárcel de Burgos.
«les pesa la cárcel». De los 13 internos etarras que hay en el presidio burgalés, cinco ya tienen una edad considerable y cumplen largas condenas por diversos delitos relacionados con ETA que van desde la colocación de bombas hasta la colaboración necesaria con su entramado financiero y propagandístico. Hace menos de tres años algunos de ellos vieron cómo abandonaba su celda el histórico Fermín Urdiaín Ziriza, que acogiéndose a los beneficios penitenciarios, obtuvo la libertad tras haber cumplido 16 años y nueve meses de cárcel de una condena que sumaba 795 años.
Urdiaín era responsable de nada menos que ocho asesinatos, un criminal que mató a tiros a varias personas y participó en la colocación de coches bomba que también causaron la muerte a otras. Sin embargo, él está en la calle y algunos de sus compañeros en la cárcel de Burgos ni han salido ni saldrán en años a pesar de no haber ejecutado directamente ningún asesinato. El caso más claro es el de Andoni Alza Hernandez.
Urdiaín se libró de la aplicación de la doctrina Parot por apenas dos meses, pero a Alza sí se le ha aplicado y, en lugar de abandonar la cárcel de Burgos el pasado año, seguirá cumpliendo condena hasta la tercera década del siglo. Alza ya filtró años atrás, a través de los funcionarios de la cárcel de Burgos, una carta en la que pedía la negociación de una amnistía a cambio del cese de la ‘lucha armada’. Es obvio que no fue escuchado. «Le pesa la cárcel y el palo de ver salir a Urdiaín y saber que él se queda le desmarca de la línea dura de ETA. Él es el preso que mejor representa en esta cárcel el sentir de algunos históricos que han llamado a la negociación en los últimos meses», valoran diversas fuentes.
Actualmente Alza está en otra prisión para ser sometido a una operación quirúrgica. Una vez repuesto, «será devuelto a Burgos, que es donde tiene el centro de cumplimiento». En esa línea menos beligerante se encuentran otros colegas de Alza como Txetxu Fernández Pérez de Nanclares, José María Pérez Díaz y Luis María Lizarralde. Estos tres últimos tienen condenas largas y saben que la doctrina Parot cuelga sobre sus expedientes.
«Están desencantados porque se han dado cuenta de que se van a pasar la vida en la cárcel y que no va a haber ni amnistía ni beneficios penitenciarios. Tal vez ahora son conscientes del precio que están pagando y están más por la labor de abandonar la violencia. Además, no se fían de los nuevos dirigentes y miembros de la banda», valoran diversas fuentes, que también introducen en el ‘sector blando’ o proclive a negociar a los hermanos Francisco e Isidro Murga.
Los Murga fueron procesados en el citado sumario 18/98 y «además de ser mayores, no se consideran terroristas como los que pegan tiros o montan comandos». Ambos cumplen una pena de 10 años. Pero la cárcel no lo arregla todo. Frente al hartazgo de los llamados históricos se encuentran los afines al sector duro de ETA que pretende perpetuar y acentuar la escalada de violencia.
el núcleo duro. Ese grupo está ‘liderado’ por el preso Aritz Arnaiz Laskurain, que cumple condena desde septiembre del 99 en la cárcel de Burgos. Y no está solo. Junto al que fuera responsable del comando Nafarroa de ETA se encuentran Asier Etxenike Ugarte, curtido en la kale borroka, y Arkaitz Martínez de Albéniz, también proveniente de las juventudes de la banda y «permanentemente a la sombra» de Laskurain.
En el mismo grupo se integran Egoitz Alkain Zulaika e Ismael Fakhri Delgado. Esta postura se debe, continúan las mismas fuentes, a que «tienen condenas cortas, de tres años, y por eso saben que van a salir dentro de cuatro días. Mantenerse fieles al núcleo duro les garantiza ser recibidos como héroes. Ellos, al menos de momento, no se van a pudrir en la cárcel y por eso van de gallos».
El ‘cupo’ de etarras internos en Burgos lo completan Asier Virumbrales Amenábar, que tiene ocho años por delante y «aunque no está demasiado significado, se entiende bien con los ‘duros’» y Jon Garay Vales, «que es el típico batasuno intelectual que nunca casa demasiado bien con los hombres de acción, que acusan a sus pensadores políticos de no jugársela como se la juegan los comandos».
A día de hoy, la situación de la cárcel de Burgos es un reflejo fiel de lo que está sucediendo en casi todos los penales del país y del extranjero en las que cumplen penas los integrantes de ETA. Quienes han vivido media vida entre rejas han tirado la toalla y quienes aún no han pasado más de unos años en la cárcel o saben que saldrán pronto defienden el rumbo de sangre por que ETA ha marcado desde el final de la tregua. Tal vez los primeros se consuelen sabiendo que ellos al menos están vivos, no como muchas de sus víctimas.