Enorme. Iván Agustín fue el jugador del partido, junto al portero David, y volvió a marcar en Anduva.
La victoria in extremis que logró el Club Deportivo Mirandés seguramente se seguirá celebrando en los próximos días pero no sólo por los tres puntos conseguidos, que no es poco, ni siquiera por la racha propia y de los otros equipos que acechan en la tabla de posiciones del Grupo VIII, sino porque el Huracán Z fue un tremendo rival que quiso jugar al fútbol en el campo de Anduva y que si no pudo tan siquiera acariciar el empate fue porque Iván Agustín estaba del lado rojillo.
La primera y más clara jugada del primer tiempo la tuvo el Huracán Z. A los 7 minutos un pase cruzado de derecha a izquierda que cayó entre los dos centrales fue tomado por Ramírez quién con un remate violento sacudió el larguero defendido por Triviño.
Iván Agustín trabajó con libertad en el frente de ataque alimentando a Tato y a Rubén, buscando asociarse con Pablo e intimidando una y otra vez la portería de David, el otro gran jugador que tuvo el encuentro.
Si bien los diez primeros minutos el choque prometían juego de ida y vuelta por ocasiones y por la ausencia de faltas, el nivel decayó unos escalones. El Mirandés falló algunas entregas en el mediocampo y el Huracán ya no realizaba esas subidas explosivas por las bandas.
El mediocampo. Con Pablo bien tomado por la zaga trepalense y con Ramírez menos incisivo y controlado por los centrales rojillos, el feudo a tomar fue el mediocampo. La necesidad de ambos conjuntos de buscar variantes levantó el nivel promediando la primera mitad. El Huracán buscando la sorpresa con los envíos de Vila y de Edgar y el Mirandés ofertando salidas con Gebara, Gámiz y Núñez.
En los últimos compases del primer tiempo, los rojillos tuvieron sus opciones. A los 36, Pablo botó una falta que se fue besando el larguero rival, se perdió otro gol de cabeza un minuto después y a los 43 le sirvió en bandeja un pase a su compañero Iván Agustín que el de Logroño, no pudo conectar.
Con Jesús Sánchez en lugar de Tato, arrancó el segundo período. Un complemento en el que, desde el inicio, los rojillos apostaron por recuperar el balón pero manteniendo la intensidad de la primera parte, y así fue.
A diferencia del primer tiempo donde el Huracán Z se mostró ofensivo y decidido a robarle el balón al Mirandés, en el complemento se quedó demasiado atrás y esos espacios que no aparecieron en los primeros 45 minutos, fueron abriéndose para el Mirandés en el segundo tiempo. A Merino y a Edgar les costaba más mantener la precisión en la distribución del balón, al tiempo que los rojillos se abrían paso por las bandas. La paciencia y el acierto en los cambios le permitieron al Mirandés llevarse el premio mayor. El ingreso de Mikel Iribas, en lugar de un Cabero sacrificado y trabajador, renovó el aire en la banda derecha para empujar aún más a Tato, volcado bien de extremo en los momentos finales. La expulsión discutida de Chuchi, abrió campo e Iribas le puso el punto y final: un pase magistral del guipuzcoano cayó en las botas de Iván Agustín y el centrocampista no perdonó: 1-0 y final.
El Mirandés suma y sigue alerta en el Grupo VIII. Una liga que recién empieza pero en la que varios candidatos serios también buscan arrebatarle el cetro.